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Santa Cecilia 2021

Santa Cecilia fue nombrada patrona de la Academia de la Música de Roma en 1584. Desde entonces, cada 22 de noviembre se celebra su festividad como protectora de la música.

Un año más, el Conservatorio Profesional de Música y Danza de Mallorca conmemora esta efeméride con un concierto de profesores del centro, quienes, con ilusión y esfuerzo, consiguen que todos podamos disfrutar de obras de estilos diversos, con un alto nivel musical y una interpretación excepcional.

Por este motivo quiero felicitar de una manera muy especial a los compañeros y compañeras que, después de tantas horas de impartir clases, saldrán esta noche al escenario y conseguirán, sin duda, que este concierto sea inolvidable.

Las entradas se pueden reservar en el apartado de conciertos y actuaciones de la web a partir de día 15 noviembre.

Silvia Riutort Heredia
Directora

Presentación

Programa

Valse melancolique ....................... C. de Grandval (1828-1907)

Catalina Roig (flauta) 
Valentina Casades (arpa) 



Deux interludes ....................... J. Ibert (1890-1962)

I. Andante espressivo

II. Allegro vivo

Catalina Roig (flauta)
Ricardo Duato (violín) 
Valentina Casades (arpa) 



Primavera porteña ....................... A. Piazzolla (1921-1992)
Verano porteño ....................... A. Piazzolla

Ramon Andreu (violín)
Fernando Villegas (viola)
Rosa Cañellas (violoncello) 
Albert Colomar (piano)



Toot suite ....................... C. Bolling (1930-2020)

Mystique

Rag-Polka

Vespérale

José Miguel Asensi (trompeta)
Froilán Vieira (piano)
Paco Vicedo (percusión) 
Miquel Ferrà (contrabaix)



Farruca ....................... Popular

José Cabrera (baile)
Carmen Pilar Río (cante)
Pedro Alfonso Martínez (guitarra)
Francisco Valero (guitarra) 
José Luis Aspas (percusión)
Marta Larriba (palmas)
Maria Fuensanta Martínez (violoncello)
Josep Alemany (flauta)

Notas al programa

Nacida como Marie Felicie Clémence de Reiset, y después de adoptar el apellido de casada, Clémence de Grandval (1828-1907) fue una destacada compositora francesa. Recibió clases de personalidades importantes como Frédéric Chopin o Camille Saint-Saëns. A partir de la década de 1850, consiguió un lugar destacado en el mundo de la composición. Participó de manera activa como compositora y cantante en la Societé Nationale de Musique, juntamente con el ya citado C. Saint-Saëns, C. Frank y E. Lalo. P. Sarasate le estrenó una fantasía para violín y orquesta. Escribió diversas óperas, cantatas y oratorios, aunque actualmente sus obras más interpretadas son las instrumentales de música de cámara, como la que escucharemos en este  programa: el valse mélancólique, una pieza breve dedicada al flautista P. Taffanel y a la arpista A. Hasselmans que se estrenó en 1891. En esta obra Clémence nos muestra unas melodías sutiles y delicadas innterpretadas por la flauta mientras utiliza recursos propios del lenguaje del arpa como arpegios, glissandos o armónicos.

"Quiero ser libre, independiente de los prejuicios que dividen arbitrariamente a los defensores de una cierta tradición y a los partidarios de una cierta vanguardia". Esta búsqueda de libertadd le supuso a J. Ibert (1890-1962) el rechazo de las dos tendencias artísticas que dominaban la escena musical francesa durante las primeras décadas del siglo XX: el impresionismo francés y el expresionismo alemán. En cambio, en sus propias composiciones musicales, Ibert revivió el equilibrio y los procesos claramente perceptibles de estilos musicales anteriores, utilizándolos en términos contemporáneos y muy personales. De hecho, sólo aceptó escribir música que estuviera feliz de escuchar.

Los dos interludios provienen de la música incidental que Ibert creó para la obra de teatro de S. Lilar Le Burlador (El seductor), aparentement una interpretación feminista de la icónica historia de Don Juan. Son un perfecto ejemplo de la mezcla franco-ibérica que se encuentra en gran parte de la música de algunos compositores franceses como Massenet, Debussy, Ravel, etc. El primer movimiento es un minueto atemporal, lento, equilibrado, delicado y un poco melancólico. El segundo es una danza andaluza en la que el arpa ocupa un lugar destacado con su evocación a la guitarra flamenca, mientras que las líneas melódicas de la flauta y el violín muestran un claro perfume ibérico.

"Si todo ha cambiado, también debe cambiar la música de Buenos Aires". Así de contundente se mostraba el bandoneonista y compositor Astor Piazzolla (1921-1992) justificándose ante los más “puristas” conservadores defensores del tango. Y es que Piazzolla, que pasó parte de su infancia en Nueva York y había estudiado en París, supo fusionar la tradición argentina con la vanguardia neoclásica, el barroco, el jazz y la música experimental. Muestra de ello son sus Cuatro estaciones porteñas, de las que hoy escucharemos las dos primeras (primavera y verano) en versión para cuarteto con piano (la versión original estaba pensada para su quinteto, formado por bandoneón, violín, piano, guitarra eléctrica y contrabajo). Compuestas de forma independiente entre 1964 y 1970, su título remite a la creación vivaldiana, redescubierta e interpretada hasta la extenuación en aquellos años. Pero más que un homenaje a Vivaldi, las estaciones porteñas son una respuesta; una réplica que, a través del sincretismo, da voz a una cosmovisión apartada de las tradiciones hegemónicas.

El comienzo de la “primavera porteña” nos muestra algunos de los rasgos típicos del compositor: una célula rítmica impetuosa, derivada del tango sin ser copia exacta, y declinada sobre una secuencia armónica neobarroca, que aquí actúa como eco de las "cuatro estaciones" de Vivaldi; encontramos una ciudad que se despierta después de un largo invierno. Con el "verano porteño" llega a la ciudad el calor, un calor húmedo e insoportable, y pasear por Buenos Aires se hace cada vez más costoso. El ritmo se ralentiza y las melodías nos hacen sentir el sopor de la ciudad.

Toot Suite para trompeta y trío de jazz, del pianista francés Claude Bolling (1930-2020), fue expresamente creada para el gran trompetista Maurice André, que la estrenó en 1980, con la intención de llegar al límite de sus habilidades interpretativas. Esta elevada exigencia técnica situaría la obra fuera del alcance de muchos concertistas de trompeta contemporáneos. Toot Suite es una muestra del estilo compositivo de Bolling, que combina la música de inspiración histórica (barroca y clásica) con el jazz. Esta mezcla es sugerida en el título de la obra, que alude al popular foxtrot neoyorquino de los años veinte, Tootsy, Tootsy, Good Bye, y el género barroco de la suite, con sus típicos contrastes de carácter. Los lenguajes musicales dispares también se observan en la función de los instrumentos: la trompeta solista recibe un tratamiento más académico, mientras que la sección rítmica (piano, batería y contrabajo) es la encargada de realizar los acompañamientos jazzísticos y las improvisaciones.

Esta obra supone todo un desafío para el intérprete solista, ya que requiere
constantes cambios de instrumento (cinco trompetas diferentes para los seis movimientos que forman la obra). De estas seis partes contrastantes escucharemos hoy tres: Mystique, para trompeta en mi bemol, presenta un tema lento y expresivo; Rag-Polka, para corneta en sí bemol, contiene pasajes casi acrobáticos del solista y un aire divertido en el diálogo con el piano; Vespérale, para fliscorno, recrea una atmósfera más relajada e intimista.

La farruca es uno de los palos flamencos más recientes y se empezó a popularizar en la primera mitad del siglo XX. Como ocurre con algunos aspectos de este arte, su historia y origen no está muy claro, y hay varias teorías respecto a cómo surgió y cuál es su procedencia. La mayoría sitúan este estilo como un canto de procedencia gallego-asturiana.

En cuanto al origen de la farruca, existe un momento histórico que es clave para su nacimiento. En el siglo XIX hubo una gran ola de gallegos que emigraron al continente americano. En ese momento surgieron unos cantos inspirados en la morriña por el amor ausente y éstos llegaron hasta el sur de la península por medio de los trabajadores campesinos que emigraron hacia tierras andaluzas.

Teniendo en cuenta la conexión planteada, más que considerar que es un estilo de origen gallego, podemos decir que la farruca es un palo flamenco “agallegado” que empezó a formar parte del repertorio hacia finales del s. XIX, y no fue hasta principios del XX cuando se incorporó el baile, momento en el que se consolida como palo flamenco por derecho.

Pau Galiana Piera
Profesor historia de la música

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